Category: Rock

Resurge mi arma - Seran Eternos - Mascaras / Contracaras (Cassette)

Posted on by Akishicage

Pierde el conocimiento, pero el dolor sigue y sigue. El dolor se desvanece y Bob se queda dormido. Me acuerdo de todo. No eres y o. No puedes ser y o. Te odio. Soy una parte de tu cerebro. Se siente atrapado entre la espada y la pared del proverbio. Obedecer a esta monstruosidad es impensable. Desobedecerla y ser castigado es imposible. Si me fallas, te… Bob alarga la mano hacia su esposa y esta vez no hay nada que le impida completar el gesto.

Sus dedos acarician su rostro y sus cabellos. Ahora por lo menos se le permite llorar. Cree que va a vomitar. Se sienta en el suelo con la espalda apoy ada en la taza y contempla el cuerpo desnudo de su esposa.

Se siente incapaz de completar la tarea pese a la promesa del castigo que le aguarda. Limpia tu basura. La esperanza vuelve lentamente. Bob consigue levantarse y da un paso vacilante hacia la puerta. Levanta el auricular, se lo pone junto a la oreja, marca el y va contando los timbrazos. Estamos grabando su llamada. Tuviste tu oportunidad y no supiste aprovecharla. El dolor es distinto al de la otra vez. Es como si le estuvieran arrancando uno por uno todos los pelos del cuerpo.

No puedo permitir que hagas eso. Uno es maligno y el otro benigno. Bob se vuelve hacia el espejo. La de la izquierda tiene un aspecto maligno y amenazador. Bob no consigue identificar el rostro contorsionado por el terror que hay en el centro. Tengo ganas de hablar. Nos sentamos junto a la ventana y contemplamos a la gente que pasaba apresuradamente al otro lado del cristal.

Estoy triste y no paro de llorar, pero… No consigo convencerme de que ha muerto. Incluso inventamos un hechizo. Es el hechizo que inventamos. El eco de los truenos se estrellaba contra los rascacielos de la Sexta Avenida; las banderas aleteaban locamente y estaba empezando a llover. El portero estaba sosteniendo la puerta del ascensor para que entrara.

Me llevas al calor del verano. Jill era muy delgada. De hecho, el Deuteronomio ordenaba a las viudas que se casaran con el hermano de su difunto esposo. Jill llevaba un traje color crema y un sombrero de ala ancha con cintas, y estaba preciosa. Mi hermano llevaba seis meses muerto. Jill trabajaba como directora creativa para la agencia publicitaria Palmer Ziegler Palmer, y por aquel entonces y o llevaba la contabilidad de la editorial Henry Sparrow.

Es puro halago. Las calles de Nueva York se convirtieron en oscuros pasadizos mojados y las aceras se llenaron de paraguas rotos. Hacia las siete y a estaba francamente preocupado. Estaba muy enfadado. Di dos o tres pasos hacia ella. Ahora no. Quiero estar sola un rato. No obtuve ninguna respuesta. No estaba sobrio, pero tampoco estaba borracho. El piso estaba totalmente a oscuras. Su voz era un murmullo enronquecido—. Le ha surgido una cita imprevista.

Pareces enfermo. Apto es la abreviatura de apartamento. El apartamento de Willey … Fred y Sheila me estaban mirando fijamente. Tienes… Bueno, perdona que te lo diga, pero tienes los ojos vidriosos. No hay nada que justifique esas sospechas. Las aceras estaban llenas de gente y tuve bastantes dificultades para no perderle de vista. El moreno aceitunado de su piel le daba un aspecto vagamente italiano.

Se detuvo. Me temblaba la voz. Soy su esposo. Le felicito. Vivo al final del pasillo. Me temo que le he confundido con otra persona. No hicimos el amor en toda la semana.

Su infidelidad era tan flagrante como si hubiera invitado a su amante a compartir nuestro lecho. Pero no puedes pasarte la vida llorando. Estaba tan hermosa como siempre.

Siga a ese Checker. No voy a seguir a nadie. Es su funeral. El pasillo estaba en silencio. Pero no era tan sencillo. La voz de un hombre… La voz de su amante. Puede que Jill estuviera teniendo un asuntillo con Willey. No creo que pueda soportarlo. Su pecho quedaba oculto por un apretado vendaje blanco.

Esperaba que no lo descubrieras nunca, pero… Las palabras apenas eran un murmullo enronquecido. Los labios de Robbie se curvaron lentamente en una tensa sonrisa pensativa. Soy inmortal. Estaba temblando. Jill y Robbie me observaban en silencio como si fuera un intruso hostil que estaba decidido a destruir sus vidas.

Creo que necesito una cerveza. Estaba muy serio—. No estoy seguro de tener la fuerza suficiente para descorcharla. Estaba peligrosamente cerca de perder el control—. Hilo, pinchos para barbacoa, cascanueces… —Venga, Robbie, descorcha la botella. Siempre fuiste el alma de todas las fiestas.

Robbie era mi hermano. Oh, Dios, acaba de una vez. Acaba de una vez. Me puse en pie. No estoy seguro. Tendremos que enterrarle. Vi cerrarse las puertas del ascensor con Jill dentro. El cielo amenazaba tormenta. Jill estaba acostada encima de la colcha totalmente desnuda. Pronunciaste las palabras.

Hazme el amor… Por favor… Le di la espalda y fui a la cocina. En el mejor de ellos, es una forma maravillosa de utilizar la libertad para decir o hacer aquello con lo que el escritor alberga la esperanza de conseguir que una cagada social particularmente monstruosa se esfume para siempre de nuestras tristes vidas. Labios largos R. Van a leer el primer relato escrito por R. Randy; su esposa se llama Pat Gates, nacido el 14 de octubre de , periodista con un premio del Ladies Home Journal en su pasado.

La sombra baila en la noche como una llovizna muy fina. Vamos, no tengas miedo. El cosquilleo de aquella lengua levemente rasposa hizo que la mujer soltara una risita.

El hombre le puso las manos sobre los hombros y la hizo arrodillarse. Estaba asombrada—. Era bajito y muy corpulento. Su cabellera estaba empezando a llenarse de canas. Sus pupilas saturadas por el horror de la muerte le miraban fijamente.

Largas hebras de un fluido lechoso colgaban de ambas fosas nasales. Su rostro y su cuello se hallaban salpicados de moretones. El teniente Hedstrom el forense y el fiscal del distrito estaban sentados al otro lado del escritorio. No lograba encontrar las palabras adecuadas. Si cogemos a ese bastardo no podremos llevarle ajuicio.

Unas dimensiones tan fenomenales no pueden haber pasado desapercibidas hasta ahora. El olor del sudor y la orina flotaba en el aire.

La clientela hablaba en voz baja y las conversaciones se interrumpieron al cerrarse la puerta. Las conversaciones se reanudaron. El fiscal del distrito y Hedstrom estaban sentados delante del escritorio. El fiscal daba nerviosas caladas a un cigarrillo y Hedstrom no apartaba los ojos del techo. Esto no es cosa de broma. El fiscal del distrito y Hedstrom asintieron con la cabeza.

Necesitamos a alguien con quien no pueda acabar. Me temo que ese tipo es demasiado listo. Nos ha estado tomando el pelo desde el principio. Soy y o, Hedstrom… Creo que he encontrado a la persona que necesitamos. Usaremos de cebo a Labios Largos —dijo Hedstrom con orgullo. Deslizo la blusa sobre su cabeza. Cuando volvieron a entrar en contacto con su cuerpo hicieron una especie de suave chasquido.

Lorna Lipps era rubia natural. El problema se llamaba matrimonio. La esquina estaba desierta. Eran las tres de la madrugada, y llevaban cinco horas sin tener noticias de Lorna Lipps. Era Lorna Lipps. El picaporte estaba tan viscoso como si lo hubieran untado con vaselina.

El humo se fue disipando lentamente. Estaba viva. Una mano colgaba del techo suspendida por una hebra de sustancia gelatinosa. Las paredes estaban adornadas con fragmentos de carne cubiertos de esa misma sustancia.

Ralph, Katie Ramsland, D. Ralph es un hombre y un escritor muy poco corrientes. Piensa en todo lo que conseguimos con nuestro librito.

Dios vive entre ellos y habita dentro de su iglesia. No lo justificaba. Su intelecto era demasiado agudo y su condena de la ceguera ajena demasiado hosca e inflexible. El patio que rodeaba a cada una de esas chabolas cochambrosas estaba repleto de basuras y adornado con los restos oxidados de viejos Cadillacs.

Escondimos nuestras bicicletas en un matorral de kudzu a unos cuantos metros de la entrada principal. Oy e, esa estatua debe pesar bastante. Parece como si nos estuviera observando. No debemos perder el tiempo charlando. Mark… Mira esto. Oh, no, nunca lo fue.

Lo que vi hizo que me orinara en los pantalones. La estatua dio un paso hacia adelante. La voz era adecuadamente grave, y estaba impregnada de autoridad…, y de amenaza. Fui creado a su imagen y semejanza, y es su fe la que me sostiene. Mis hijos son poco numerosos y sus mentes son muy simples.

Necesito una ira alimentada por el conocimiento. Estaba tan aturdido que no le opuse ninguna resistencia. Hasta que los dos cuerpos fueron uno solo. No encontramos nada que pudiera corroborar mi historia. De acuerdo… Bueno, siga desay unando. La verdad es que no le importa nada de lo que usted hace o deja de hacer. Esos malditos chavales de la play a estuvieron levantados hasta muy tarde bebiendo y haciendo de las suy as. He dejado que duerma un poco. Volvieron a encontrarse en la puerta principal.

Los pies de Andrew se removieron nerviosamente sobre la gravilla y sus ojos fueron hacia las dunas. Dale un poco de tiempo. Voy a llamar a los Adams y los Henderson. Puede que Trida hay a decidido visitar a Judy o a Dway ne. Maureen fue lentamente hacia su suegra con las manos extendidas delante del cuerpo. El mundo observado por Wayne es tan implacable y aterrador como el peor de los paisajes descritos por Nelson Algren.

La obra de Sallee es dura y real. Fue entonces cuando vio a la chica. Cuando estaba a medio camino de la plataforma tuvo un fugaz atisbo del jersey de la chica y vio una cremosa rebanada de brazo.

Las once y nueve minutos y once grados de temperatura. Los neones de un blanco sucio parpadeaban. Clohessy vio una mancha borrosa de color.

Los mechones de cabello casi le ocultaban la cara. Los cuatro hombres no eran miembros de ninguna pandilla. Eran un equipo de bolos polaco. Algo blanco con manchas rojas. Que bajaba. Y que le miraba fijamente. Se dio una sonora palmada en el muslo.

El olor de sus manos le hizo torcer el gesto. Viajar por una autopista del desierto con una docena de posibles destinos entre los que escoger… Eso era vida. Tengo suerte. Ojos que no parpadeaban y que le observaban con lo que de repente Eddy estuvo seguro era un profundo desprecio. El cristal estaba cubierto de polvo. Necesitaba calmarse un poco.

Dos manecitas rechonchas se tensaban y se relajaban sobre el hombro en el que estaban apoy adas. Se dio unas palmaditas en los bolsillos. Era el torso de la mujer.

Pero no vio nada. Ni nariz. Ni boca. Era sus ojos y su boca. Sus fantasmas estaban tan poco atados a Belfast como el mismo Mick. El abrevadero estaba ardiendo. La blusa color albaricoque y los pantalones cortos de Jo no tardaron en quedar empapados. Los guijarros intentaban atravesar las suelas de sus Nikes. La sien izquierda estaba aplastada. El taller estaba muy oscuro.

Cuando sus pupilas se hubieron adaptado a las tinieblas pudieron ver una alfombra de esbozos manchados de sangre. Las articulaciones de los miembros y los dedos estaban hechas con nudos de cabellos humanos. No recuerdo todos los detalles. Estaba cavando una tumba. Mick no era muy buen nadador y le preocupaba lo profundo que pudiera ser aquel estanque.

Mick se puso de espaldas y vio aparecer las primeras estrellas. Sus loses le encartaron el tiempo suficiente para que pudiera volver a salpicarle. No creas que me gusta hacerlo… Un encogimiento de hombros. Pero su risa triunfal se vio puntuada por el chasquido de la piedra…, y el dolor. Las bragas de Jo lograron acabar conteniendo la hemorragia, pero no antes de que la parte inferior de su cuerpo quedara cubierta de sangre.

Sus miembros eran masas ondulantes cubiertas de cabellos humanos. Pero Mick le estaba esperando. Estar consciente significaba dolor. Por aquel entonces la bestia mataba en nombre de la paz. El calor de las explosiones y las minas eran su medio natural. Le sentaban tan bien como si fuera una jodida planta de invernadero. Era la bestia.

Su forma de responder dejaba bien claro que llevaban mucho tiempo casados. La bestia era una anormalidad, y serlo no le resultaba desagradable.

La muerte estaba fuera. La bestia era insaciable y estaba muy hambrienta. La bestia pesaba ciento setenta kilos de locura y odio. No les odiaba y, de hecho, disfrutaba estando cerca de ellos. Cazarles le proporcionaba la misma clase de placer que siente el deportista cuando caza a sus presas del reino animal. La bestia cuy o nombre humano era Danny deseaba que fuera verano o, por lo menos, que el macizo de pacanas del oeste tuviera algunas nueces que ofrecerle. Pero no importaba. Bunkowski vio salir a la mujer de la casa.

Pasaba muy poco de las nueve y media en ese segundo eran las nueve y treinta y dos. Puso la primera e hizo girar el volante para volver a la casa. Estaba muy disgustado. Llevo mucho tiempo caminando. Puede venir al pueblo con nosotros. Tres personas. No muerde. Estaba hecho un asco. Le dio las gracias con un asentimiento de cabeza. Froehlich termina su carta diciendo que debe volver al trabajo y me alegro de que lo haga, porque su obra es de las que consiguen ponerle la piel de gallina a cualquiera.

Taylor tiene la necesidad compulsiva de comer galletas mientras crea. Mi padre estaba esperando delante de la terminal. Esa chaqueta es preciosa. Fuimos hasta el jeep cogidos de la mano.

Eres demasiado joven para conocerlas. Eres tan guapo… —No me interesa, Ronnie. Las sombras creadas por el fuego casi ocultaban sus ojos, y me di cuenta de que estaba empezando a quedarme dormida. Era una zona bastante peligrosa.

Recibimos unos impactos en el rotor de cola y tuvimos que hacer un aterrizaje de emergencia. Una bala me dio en el hombro y me hizo caer al suelo. Estaba jadeando. No quiero que ocurra. Te amo. Un chorro de humo me dio en la cara. Puse en marcha el extractor. Una, dos veces…, no muy fuerte.

Desay unamos sin miramos a la cara y apenas abrimos la boca. La broma o el chiste han dejado de hacerte gracia, pero sigues riendo sin poderlo evitar. Nos levantamos casi sin darnos cuenta y nos pusimos a bailar. Es tu padre. Te quiere. Lo siento, Ronnie. No llores… Por favor, no llores. La tela estaba sucia y arrugada, y y a no me gustaba. No hablamos y no pusimos la radio. Y no quiero que le ocultes nada. Dile la verdad. No he vuelto a verle. A veces echo de menos las canciones.

Lo que no puede catalogarse es la amistad. El relato de este gran escritor que van a leer captura los gemidos que salen de cierta calle donde reina el pecado. Les ofrezco un Nolan distinto con su genio de siempre.

Sus padres no quisieron salir de Ohio. Y las personas, claro… Sobre todo en el metro. Utiliza los taxis. Nueva York ha cambiado mucho desde que eras joven. Ve a Nueva York. Pero y o tengo que coger un taxi y llegar a mi hotel antes de que anulen mi reserva. Soy de Ohio. Ben puso cara de perplejidad. Yo soy Jock Kirby, y el barbudo es Billy Dennis. Se estrecharon la mano. Conozco a un tipo de Akron.

La gente tiende a confundirse. Tomaremos lo mismo. Aunque si he de ser sincero no voy demasiado. Empezaba a sentirse un poco aturdido. Vive un poquito, hombre. Dale un buen mordisco a la Gran Manzana. Y cada uno de ellos puso un brazo sobre los hombros de Ben Sutton. Era como si su cabeza estuviera llena de humo rosado. Las palabras sonaron pastosas y casi ininteligibles.

Su lengua se negaba a obedecerle. Es hora de pasarlo en grande. Necesito dormir. Acababan de llegar al cruce de la Cuarenta y Dos con Broadway.

Los neones chisporroteaban y parpadeaban. Sus sentidos captaron un confuso caleidoscopio de colores y sonidos. Necesito sentarme un rato. Ya casi hemos llegado. Llegas justo a tiempo. Ben se puso en pie. Estamos celebrando una fiesta. Hasta los gusanos tienen que comer. Las cuatro criaturas empezaron a quitarse el disfraz. No lograba encontrar la escalera.

Way ne. Lo cual me lleva a Cagney. Y Robinson. Robinson… Pero… Oh, Dios. Hasta que… Nos han descubierto. Y que te descubran significa… El Agujero. Cualquier cosa, cualquier cosa menos eso.

Esa puerta de acero que se cierra mientras me arrodillo dentro de la jaula. William Blake. La tumba. El techo que pesa sobre ese espacio opresivo carente de salidas…, y de repente estoy con ellos, estoy en ese lugar donde no puedo mantener erguida la cabeza.

Y las pesadillas…, su frecuencia y su intensidad han ido aumentando poco a poco hasta el punto de impedirme dormir y poner en serio peligro mi salud. El entierro… Bueno, doctor, puede que por fin estemos llegando a alguna parte pese a mis fracasos anteriores. Admito que al principio estaba aterrorizado, pero saber que le tengo tan cerca me ha ay udado a no perder el control. Estar vivo pero atrapado, sin poder moverse, incapaz de ver lo que hay fuera, sin poder estar de pie…, la muerte en vida.

Bien, doctor, creo que y a lo he contado todo. Estoy harto. No puedo seguir soportando esta especie de muerte en vida, no puedo soportar el que me consideren un tipo raro y el ir perdiendo todas las oportunidades debido a este miedo. Creo que y a es suficiente. El paciente estaba aquejado por una rara variedad de claustrofobia. Parece como si hubieran muerto gritando. Siempre se despertaba en cuanto ella se levantaba de la cama. Eran las doce y diecinueve minutos.

Siempre empezaba muy despacio, como el hilillo de agua que sale de un grifo mal cerrado. La gota era una esferita negra como la tinta. Vuelve a la cama —No —dijo ella—.

Quiero que vengas a la sala para que lo veas con tus propios ojos. Oh, claro. De acuerdo. Tu padre ha muerto y no puedes hacer nada al respecto. La ira que impregnaba su voz hizo que se apresurara a obedecerla. Yolanda estaba sudando. Era una gota de sangre. Le hizo girar la mano hasta dejarla con la palma hacia arriba y Yolanda vio la heridita en la y ema de su dedo.

No es tan…, tan grande. Fue como si el techo se convirtiera en un trueno. Estaba…, se lo estaba comiendo todo.

Era como ver el agua sucia desapareciendo por el sumidero. Quiero saber si hice algo que le impulsara a… No, no lo creo. Y el techo. Y las paredes. Y el agujero. No obtuvo respuesta. Se puso de lado. Michael no estaba. No hubo respuesta. Los ray os de luna se estaban acumulando a los pies de la cama. La mancha se estaba moviendo. Muy despacio. Como si una fuerza invisible tirara de ella. Michael adoraba esa medalla. No se la quitaba nunca, ni tan siquiera para ducharse.

Tienes que recoger los pedazos y reconstruirle. La escopeta. Deprisa, deprisa. El agujero estaba empezando a cerrarse. Fred era muy divertido. Y tampoco era de los que iban corriendo a chivarse, nada de eso. Jason… Jason era un nombre estupendo para un chico estupendo.

No sirve de nada y cuando una cosa no sirve de nada la devuelves. No era un rifle de asalto como el que usaba Rambo. Y espera. Y llora. Margarita reza mientras espera a que los cuajarones de sangre y tejido a medio formar caigan de la hendidura que hay entre sus esbeltas piernas sacudidas por los temblores.

Si es que va a terminar alguna vez… Lo que oiga o lo que sienta carece de importancia. Margarita sabe que debe tirar de la cisterna antes de abrir los ojos. Cuando hay a desaparecido de su vida y de todas las vidas. Margarita se muerde el labio inferior hasta sentir el sabor de la sangre y una masa de fluidos y tejido ensangrentado cae con un ruidoso chapoteo en el agua de la taza.

Usa la mano derecha para sostener la toalla entre sus piernas y empieza a esparcir agua sobre la mitad superior de su cuerpo. No ha tenido tiempo de ver nada, pero puede oler el aroma de la sangre que flota en el aire. Y tres noches de miedo y vigilia. Cuando regrese. Los pinchazos de dolor que le atraviesan el vientre se van debilitando lentamente hasta que desaparecen. Margarita coloca la palma de una mano entre sus pechos. Margarita va muy despacio hasta el armario, alarga la mano hasta la varilla de metal y coge el uniforme azul de camarera que debe llevar puesto durante las horas de trabajo.

No importa demasiado. Coge las llaves y sale del apartamento. La radio ha dicho algo sobre un gran desfile en la parte baja de la ciudad. Las puertas de metal gris del ascensor se abren ante ella y esperan en silencio a que entre.

Su madre dio a luz ocho veces. Margarita intenta tragar saliva, cierra los ojos y disfruta de unos cuantos segundos de paz. Sabe que no puede quedarse quieta.

Margarita parpadea a toda velocidad intentando contener el llanto. Margarita dobla una esquina y se vuelve a contemplar el tramo de pasillo desierto que acaba de recorrer.

Las puertas cerradas son bocas hambrientas que aguardan anhelantes el momento de ser abiertas. Intenta contener el pensamiento hasta haber vuelto a doblar la esquina.

Margarita recorre tres pisos y comprueba un total de nueve habitaciones. El silencio siempre es el mismo. Margarita se mordisquea nerviosamente el pulgar y avanza por un pasillo mugriento que parece una copia del que acaba de abandonar. Los sonidos son tan fuertes que le dificultan el pensar con claridad. Su intensidad parece aumentar y disminuir siguiendo el ritmo de sus latidos. Margarita oy e el sonido del agua que gira y gira limpiando la taza.

El agua que gira y ahoga lo que hay dentro de la taza. Que ahoga… Los sonidos se desvanecen en el silencio. Ahora lo entiende todo. Margarita pierde el equilibrio y choca con la pared. Los desconchones le arrancan un poco de piel de los dedos.

Margarita siente como si se hubiera quitado un guante en el que hubiera incrustadas hojas de afeitar usadas. La suela de una de sus zapatillas resbala sobre una sustancia tan caliente y viscosa como la pared de la escalera. La puerta acaba de abrirse y Margarita se encuentra al otro lado. No hay olores. No hay ruidos. Cuando intenta levantarse de la cama el dolor se revuelve entre sus piernas y la atraviesa como una cuchillada.

Margarita se muerde el labio inferior. Alarga la mano y coge una almohada que coloca debajo de su cabeza. El dolor parece calmarse un poco. No se atreve a pasar las manos por esa zona, pero nota que tiene la ropa interior empapada.

Parece como si hubieran pasado horas. Se acurruca en el borde de la cama. Es el sonido de la cisterna dejando escapar el agua. Margarita comprende que debe seguir dormida. Bienvenida a esta casa —dice. Baja la mirada hacia ella y sus labios se curvan en una amable sonrisa de acogida. Han dejado de llorar. Y esperan con impaciencia su segunda oportunidad.

El tiempo parece tan carente de significado como nuestros datos y abs[tracciones. La noche se agita a la luz de esa biota radioactiva: una alfombra de moho capaz de moverse acecha cada mata para envolver y consumir los despojos bajo un sudario iridiscente. Genna decide que ha sido elegida, marcada para el rito de paso. Los lemures fantasma giran sobre nuestras cabezas y se burlan de nosotros con un coro tan febril y compulsivo como nuestros pensamientos.

Las criaturas del terror. Todos adoramos ese tipo de historias incluso cuando nos sentimos intelectualmente muy superiores a ellas. En manos de artesanos como Simmons es algo que se aproxima al arte, y el humor perspicaz de Kisner y la audacia de Keefauver son capaces de dejarte sin aliento. Ron estaba de pie ante la ventana contemplando las calles atestadas de la ciudad.

Van hacia arriba. Por eso odiaba tanto a los vagabundos. Se llamaba Willie. Todos los vagabundos se llaman Willie, al igual que todos los bulldogs se llaman Spike.

Vay amos a la delicatessen. La calle estaba llena de gente, y eso siempre ay udaba. O te daban unas malditas monedas o no te las daban, y eso era todo. No estaba mal, pero no era suficiente. Lo irrefutable y lo absoluto siguen existiendo incluso en un cosmos de dibujos animados. No necesitaba ninguna mujer, ni para mirarla ni para tocarla. Malditas mujeres. Estaba orinando. Son inofensivos. Son una carga para la sociedad.

Tenemos que volver a… —Los borrachos no sirven de nada. Son ruinas humanas. Creo que me he roto una pierna. Sus ojos se clavaron en el rostro de Ron. Y tumbas. Ahora terminaban en garras tan afiladas como navajas que se le estaban clavando en las pantorrillas. La hendidura se fue extendiendo por el cuerpo de Willie y no se detuvo hasta llegar a su ingle.

Era hora de alimentarse. La apuesta K. Aquello explicaba el burbujeo. Bueno, la verdad es que no estaba desapareciendo, pero… Estaba cambiando.

Era como si algo la estuviera devorando desde el interior. El cuerpo del anfibio se fue achatando. Yo acababa de perder la voz. Una cabeza calva de piel amarronada y ojillos acuosos coronaba un cuerpo tan gordo que casi resultaba bulboso. Lenth afirmaba no haber sido derrotado nunca. Sus ojillos oscuros se clavaron en mi rostro. Frank no me quitaba los ojos de encima.

Pero estaba mintiendo. Frank me dio un codazo. Algo andaba muy, muy mal. No necesitaba tan desesperadamente el dinero de la apuesta. A veces se gana y a veces se pierde… Necesitaba un sitio donde vomitar.

La puerta estaba cerrada con llave. A Leth le gustaban los insectos. Un sonido. Fuera lo que fuese esperaba que no estuviera vivo.

No era un traje viejo. Estaba atascado. Estaba medio sumergido en una cuneta llena de agua fangosa. El esfuerzo de sentarse fue demasiado para mi pobre cabeza. La apuesta. La rana. No hubo suerte. He dejado de beber. Para siempre. Pero… No he vuelto a ver a Frank. Elegido G. El terror es otra de ellas. Siempre se la imaginaba rubia. Es culpa suy a. Seamos amigos.

Nos bastamos el uno al otro. Estaba arrodillado delante del espejo y pensaba en ella. Era igual que las otras. En cuanto Kry stal le hubo revelado su secreto lo vio todo bajo una nueva luz. La carta no fue publicada. Le arrestaron. Naturalmente, procuraba arriesgarse lo menos posible. Bastaba con fijarse en Juana de Arco. Pero no lo hizo. Entonces Sabe quin es? Me mir fijamente. Era mi hija. Saba que esos dos hombres la violaron y la mataron, pero nunca pude probarlo y no logr averiguar dnde haban escondido su cadver.

El ao pasado utiliz a otro vagabundo Por eso te advert que debas marcharte del pueblo lo ms. Mat a Campion, pero Campion no confes antes de morir, y pens que utilizara a otro vagabundo para acabar con el segundo hombre. Y eso es justamente lo que hizo. Dnde est ese otro vagabundo ahora? El jefe de polica mene su canosa cabeza. En el pasillo de la muerte esperando ser ejecutado. Le juzgaron y le declararon culpable de asesinato en primer grado.

Entonces comprend lo que me haba ocurrido. Lo que realmente me haba. Habl en un tono de voz tan asustado y suplicante que pareca un nio pequeo. El coche del jefe de polica sigui avanzando velozmente a travs del fro y la oscuridad. An poda verla acostada sobre la cama. Poda sentir el roce de su piel Hijo dijo l, por eso te advert de que pasar la noche de Halloween en Newkirk es malo para los vagabundos. Agit el paquete para sacar un. Hijo dijo, me caes bien y voy a hacerte un favor.

Voy a darte media hora de ventaja antes de empezar a perseguirte. Pero Me contempl con aquellos ojos llenos de tristeza y entonces comprend por qu la chica me haba parecido tan extraamente familiar. Tena sus mismos ojos. Hijo, no te creern, como tampoco creyeron al otro vagabundo dijo por fin. Se qued callado durante unos segundos. Puedes imaginarte lo que se siente en el pasillo de la. Veinte minutos despus estaba en la autopista e iba en direccin norte.

Tres camiones pasaron casi seguidos junto a m. Iban tan deprisa que falt poco para que las rfagas de viento me arrojaran al suelo. Tambin vi pasar dos coches llenos de adolescentes para los que slo era una ocasin de divertirse un poco. Me insultaron, me hicieron muecas obscenas y gritaron que si me atreva a pelear con ellos me daran una buena paliza. Los coches desaparecieron enseguida y me qued a solas con la interminable oscuridad de la pradera, las estrellas invernales que brillaban sobre mi cabeza y el crujir de mis pies sobre el duro suelo.

No poda estar ms solo. Segua pensando en ella, en lo maravilloso que haba sido sentirla entre mis brazos a pesar de que todo el tiempo que pas abrazndola ella estaba muerta. No s cunto rato estuve caminando o cuntos coches y camiones pasaron junto a m. Pasado un tiempo me limit a seguir avanzando en direccin norte y. Y empec a pensar en mi vida.

Los aos de infancia y juventud que pas bajo la tutela de mi to en un apartamento de una sola habitacin en la ciudad, y la esposa que me haba abandonado por un marine joven con una gran sonrisa, y los aos sin hogar yendo de un sitio a otro que vinieron despus Lo o desde muy lejos. El sonido se fue imponiendo a los ladridos de los perros abandonados que vagaban por la noche, al tren distante que se abra paso a travs de la oscura pradera y al crujir.

Reconoc aquel sonido en cuanto lo o. Era un motor de Volkswagen. Al principio me asust e intent correr por la cuneta sintiendo el golpear de mi mochila sobre los hombros.

Pero cuanto ms deprisa corra ms cerca estaba Cuando fren junto a m decid que no poda hacer nada. Me volv hacia el Volkswagen rojo y la contempl en silencio. Estaba jadeando, y el ejercicio me haba hecho entrar en calor.

La chica se inclin sobre el asiento de pasajeros y baj el cristal de la. Quieres que te lleve? Djame en paz, quieres? Me conformo con que me dejes en paz. Si no me gustaras no habra vuelto. Cuando estbamos haciendo el amor me di cuenta de lo solo que ests y pens que quiz podra ayudarte. Sonri y extendi la mano hacia m. Pens que quiz, quiz podras venir conmigo.

No quera or nada ms. Arroj mi mochila al suelo para poder correr mejor y empec a trotar por la cuneta alejndome de ella a la mxima velocidad posible. Pude or el sonido del motor en punto muerto durante mucho tiempo, pero acab ponindose en marcha y se alej hasta perderse detrs de la colina. Volva a estar solo. La negrura de nuevo; el palpitar enloquecido de mi corazn; la textura y el olor de mi transpiracin.

Me detuve. Se haba ido. Ya no haca falta que siguiera corriendo. Y entonces vi los faros que venan hacia m y o el motor del Volkswagen que luchaba y tosa. La vi acercarse y sent un cansancio inmenso.

Slo haba sentido algo similar una vez, y fue cuando tuve la. Durante tres semanas ni tan siquiera haba podido recorrer el pasillo para llegar al cuarto de bao El Volkswagen se detuvo. La chica abri la portezuela para que subiera. Estar por aqu hasta que te acostumbres a la idea dijo. Hasta que le pierdas el miedo, entiendes? Es lo realmente deseas, sabes? Su cabellera rubia le ocultaba un lado de la cara. Librarte de la amargura, y de las splicas. No tener que suplicar nunca ms La portezuela se abri unos centmetros ms.

El bosque es muy hermoso. Podemos pasar toda la noche recorriendo la autopista hasta que hasta que deje de tener miedo. Hasta que dejes de tener miedo dijo. Mi mochila Volvi a sonrer. Oh, tena una sonrisa tan increblemente hermosa Ya no tienes que preocuparte por esas cosas. Voy a llevarte conmigo. Volvi a extender la mano hacia m esa mano tan clida y suave, y la estrech entre mis dedos y permit que me hiciera subir al coche, a ese Volkswagen rojo que se puso en marcha.

Y todo ha sido tal y como ella me prometi. Ya no tengo que preocuparme de nada. Nada en absoluto. En St. Martins Press public Dirty Money, la novela ms divertida que se ha editado en muchos aos. Ray Russell lleva dcadas siendo uno de los escritores ms originales, elegantes y verstiles con que contamos, y el hecho de que se le considere uno de los autores ms ingeniosos de la nacin no sorprender a nadie que haya ledo sus. Su mirada es capaz de captar y resumir todo lo que se ha hecho con varios temas clsicos del terror o de la ciencia ficcin; o la fantasa; o lo que sea.

Ray se. Slo el autor de Sardonicus y Dirty Money poda haber escrito algo semejante. Esta ciudad gastada por el tiempo en la que vivimos tiene muchas tiendas y comercios. Ms de una vez he pensado que son como sirenas voluptuosas que nos atraen con las fascinantes mercancas y artculos que nos hacen guios tras los cristales impolutos de sus escaparates. Una persona puede pararse delante de la pastelera Alecu tal y como hice yo anoche y entretenerse contemplando los pasteles y golosinas que te hacen la boca agua y, al mismo tiempo, el reflejo de tu rostro lamindose los labios ante una exhibicin tan deliciosa.

Hay horas en que los escaparates de esas tiendas. Muchas son las ocasiones en que me han ayudado a ponerme bien el sombrero o alisarme el bigote antes de acudir a una cita con mi amada.

La noche anterior la esper delante de la pastelera. El local estaba cerrado. El interior era una masa de oscuridad y cada escaparate se haba convertido en un perfecto espejo negro. La combinacin de rayos que brotaban del farol de la esquina y la luna llena me permita ver reflejado al mdico respetado y anfitrin elegante que todos consideran un pilar de la sociedad.

Todos esos atributos y cualidades. Pero vera a mi amada en cuanto llegara? Empezaba a temer que no. Tema que mis sospechas ms mrbidas no tardaran en quedar confirmadas. Me estremec, y no slo a causa del fro. Pronto sabra la verdad. Le haba tendido una trampa y le haba pedido que se reuniera conmigo delante de la pastelera a medianoche. Los taidos de una campana distante perdida en el fro y la oscuridad dieron esa hora, y o el delicado chasquido de.

Le di la espalda a ese sonido y contempl el escaparate de la pastelera. El chasquido de sus tacones se fue acercando Y vi su hermoso reflejo en el cristal. Sent como el alivio invada todo mi ser y me dispuse a darle la bienvenida. Buenas noches, Ioan dijo mi amada con su voz suave como el visn.

Me volv hacia ella. Querida ma empec a decir, pero se me quebr la voz. Te ocurre algo? Pareces preocupado. Soy un ingrato y un estpido. Te haba juzgado mal. Podrs perdonarme? Estaba casi convencido de que eras Una vampira? Sus labios se tensaron en una horrenda sonrisa y revelaron unos colmillos espantosos.

La incredulidad y el horror me hicieron retroceder. Es imposible! Manote locamente sealando el escaparate. Tu reflejo Ah, s dijo ella mientras admiraba su hermosa imagen en el cristal. Un vampiro no tiene reflejo. Todo el mundo lo sabe. Eres un gran erudito de las artes curativas, Ioan, pero me temo que no has estudiado lo bastante cuanto se refiere a mi especie. Lo he estudiado a fondo insist. Si lo hubieras hecho replic ella con voz burlona, te habras enterado de que nuestras formas pueden reflejarse en muchas cosas.

Podemos reflejarnos en el agua, en las ventanas, en una porcelana lo bastante lisa y reluciente Empez a venir hacia m. Pero no en la plata o en aquellos espejos detrs de los que haya una capa de plata. Conozco el poder letal de las balas de plata murmur, pero Las monedas que Judas recibi por traicionar a vuestro Seor eran de plata ronrone mientras segua acercndose lentamente, y las viejas leyendas afirman que la plata recibi el poder de repeler al mal para compensarla por el uso vil al que haba tenido que rebajarse.

Cuando una criatura de mi especie se coloca delante de un espejo en el que haya plata, sta se niega a devolver su reflejo. Pero un escaparate detrs del que no hay plata Comprendo dije yo. Lo has comprendido demasiado. Volvi a ensearme los colmillos y se lanz sobre m. Saqu la jeringuilla que llevaba oculta debajo de la capa. Estaba llena de un fluido iridiscente. Se ech a rer. No te servir de nada. No es veneno dije yo con voz entristecida. Es una medicina. La prescribimos en casos de epilepsia.

No estoy enferma de epilepsia dijo ella, y volvi a rer. No, querida ma. Tu enfermedad es mucho ms terrible, y esta medicina te curar. Cay sobre m como una pantera. Clav la aguja en la lisa y blanca piel de su garganta y apret el mbolo. Argenti oxidum murmur, y vi como caa muerta a mis pies. Oxido de plata Adis, amor mo.

Espero que puedas conocer la paz que te ha sido negada durante tanto tiempo. El escaparate reflej mi rostro angustiado y las lgrimas que corran por l. Hall tambin se dedica a la fotografa y la crtica literaria, y ha escrito,. Especialmente aade, los pertenecientes a la variedad humana. Doug Winter quien afirma poder contar con por lo menos un maniqu entre mis amistades ntimas compil la prestigiosa antologa Prime Evil[2] y antes de eso haba escrito muchas crticas y artculos sobre el terror en general y sobre Stephen King en particular.

Su relato Splatter, publicado en el segundo volumen de. Ha colaborado con Grant en una novela titulada From Parts Unknown. La familia feliz es la segunda parte de una tetraloga de relatos que Hall y Winter se han propuesto escribir. Es un relato para todas las estaciones, pero podra haber encajado igual de bien en cualquier otra de las categoras de este volumen.

La piel tan plida y el cuerpo delgado como un lpiz. Fra al tacto. Apoya la cabeza en ese pecho que no se mueve y mantenla ah.

Todo saldr bien. Est contemplando las luces esparcidas por el techo de los grandes almacenes, pero no las ve. Sus brazos estn cruzados delante de ella como en un gesto de proteccin, como si acabara de decir algo de lo que se avergenza. Su espalda est ligeramente arqueada y es demasiado alta. Tiene las piernas muy largas.

Est exhibiendo una pieza de lencera, o un traje de bao que podra pasar por tal. Hay una bicicleta apoyada. Dos pasos a su izquierda otro maniqu, no tan atractivo o deseable, observa la seccin de ropa masculina tan fijamente como si las corbatas que cuelgan con lnguido desconsuelo de los listones le hubieran arrebatado a su novio.

Walter la mira y piensa en esa pelcula sobre un maniqu que se converta en mujer. Una mujer real, viva. No es lo que quiere. Walter se conforma con ella. Hay algo especial en ese maniqu, algo indefiniblemente perfecto. Es tan parecido a los que ya tiene Los.

A Rachel no le gustan demasiado, igual que les ocurre a Laurie y Rob, sus hijos. Laurie parece tenerles miedo. Walter nunca ha podido entender por qu. Siempre le gust mucho jugar con sus muecas Barbie. Walter se da unas palmaditas en el bolsillo para asegurarse de que ha cogido el talonario de cheques. Ser suya. An no sabe cmo, pero se las arreglar de alguna forma.

Basta con que. Pero no hay prisa. El maniqu no va a ir a ninguna parte, verdad? Walter sonre, divertido consigo mismo. Los de la oficina creen que no tiene ni el ms mnimo sentido del humor. Su secretaria camina tan cautelosamente como si pisara cscaras de huevo cada vez que est cerca de l.

Le tiene miedo. Pero los socios fundadores de la mayora de firmas legales de primera categora de Dallas tienden a resultar temibles, no? A estas horas del sbado no hay mucha clientela. Dentro de una hora eso. Walter saborea el silencio casi perfecto que slo rompen los videos de rock, que estn empezando a caldear el ambiente del departamento juvenil.

Al menos as es como lo llamaban antes Ahora el nombre de esos departamentos siempre es algo por el estilo de Conexiones o En onda. Hubo un tiempo en el que a Laurie le gustaban mucho, pero ahora parece preferir las mismas boutiques caras que tanto fascinan a su madre. A Walter siempre le han gustado los grandes almacenes.

Ya le gustaban cuando era pequeo y Sears ocupaba el primer lugar de la lista y Penney slo. Nunca pens que acabara casndose con una mujer convencida de que Saks Quinta Avenida es para los pobretones.

Los brazos cruzados delante de su pecho estn tan tensos Walter se vuelve con el tiempo justo de ver pasar a un dependiente muy serio que lleva un montn de monos. Despus se vuelve hacia ella. La peluca termina en una elegante coleta vagamente punk y los rizos de la parte delantera bailan sobre la frente del maniqu dndole un aspecto de cmica seriedad.

Le quitar la peluca. Que se acostumbre a la calvicie. Tiene los ojos azules, de un azul hermoso y brillante como el del mar. Su nariz rasga el aire. Tiene las mejillas ahuecadas como si estuviera tragando aire preparndose para explicar lo perdida e indefensa que se siente.

Esa ropa interior de color rosa es tan escasa que hara sentir indefensa a cualquiera. Quin sera capaz de montar en bicicleta con semejante atuendo? Ni tan siquiera lleva unos zapatos decentes, slo unas sandalias blancas de aspecto muy frgil, medio dentro y medio fuera del pie.

Est tan asustada La comprar. Tiene que salvarla. Se pregunta qu nombre le pondr. No tiene nombre. La verdad es que no tiene nada. Ni un centavo Su amigo est al otro lado de la bicicleta, pero su expresin deja bien claro que le importa un comino lo que pueda ocurrirle. Est sola Slo me tiene a m piensa Walter con una curiosa satisfaccin, y no ir a ningn sitio a menos que yo la lleve all.

Y eso es justamente lo que har. Voy a comprarla, pero no ahora. Ms tarde. No ir a ninguna parte. Se aleja de ella y va al departamento de ropa masculina. Camisas, pantalones, chaquetas, carteras, cinturones,.

Su secretaria se encarga de comprrselas. La chica de recepcin le compra corbatas, la secretaria de la entrada le compra corbatas y la secretaria del departamento de direccin le compra corbatas. Hasta su esposa le compra corbatas.

Pero l nunca se ha comprado una corbata. Sus socios y a veces incluso la gente con la que hace negocios dicen que Walter se considera el Don Johnson del norte de Dallas. Cierto, cuando est en casa o en el campo de golf no lleva calcetines. Tampoco los lleva cuando est en el Buen tiempo, su embarcacin, o su. Pero no se parece en nada a Don Johnson.

Se afeita cada da, y no siente lo que cree que debe sentir Don Johnson. Las mujeres no estn pendientes de cada palabra que sale de su boca, la revista People nunca ha hablado de l, no ha aparecido nunca en la televisin bueno, puede que una vez y no ha grabado ningn disco. No ha grabado ningn disco, pero ha cerrado algunos tratos comerciales muy lucrativos.

Se mira en un espejo mientras sostiene una corbata roja delante de su pecho. La corbata es de un tejido sedoso que brilla mucho y resulta terriblemente. Le dice al dependiente con cara de aburrido que se la llevar y se coloca el paquete debajo del brazo. El crujir del papel siempre le ha parecido reconfortante. Odia las bolsas de plstico que se han puesto de moda en casi todos los grandes almacenes y comercios. No son reciclables. Piensa en esos montones de plstico que seguirn tirados por todas partes mucho tiempo despus de que l haya muerto y se haya convertido en polvo.

La idea le produce una vaga irritacin. Vuelve la mirada hacia la lejana para contemplar a los dos maniques con sus atuendos deportivos. El metal de. Si ella quisiera podra marcharse en cualquier momento. Si pudiera hacerlo Pero no pasar mucho tiempo antes de que vuelvan a estar juntos.

Estas cosas son inevitables. Siente un repentino deseo de alejarse. De ella, sobre todo. Es tan vulnerable, est tan llena de necesidades Hubo un tiempo en el que Rachel tambin era as o, al menos, Walter crea que era as. Tard bastante en descubrir que todo era una fachada, y a esas alturas ya haba descubierto que no le importaba. An no est muy seguro de si finga.

Quiz cambi. Pero Rachel. Sabe comportarse. Florida siempre le ha gustado. Visitar Florida en el momento adecuado Y le gusta esa cancin que canta Don Johnson. La ha odo en la radio y en la televisin por cable. Algo sobre el latir de un corazn. Buscando el latir de un corazn. Los varios niveles del centro comercial se despliegan ante l.

Vastos, impersonales, brillantemente iluminados y tan, tan reales La palabra favorita de Bob es realmente. Realmente radical, realmente demasiado, realmente. Las sienes de Walter estn empezando a encanecer. Terry Bragg le acus de teirse el pelo porque le daban un aspecto demasiado distinguido. No crea que fueran canas autnticas, canas realmente reales. Walter avanza por el centro comercial a grandes zancadas quemando caloras, movindose con el paso aerbico que hace circular la sangre y te mantiene sano.

El centro comercial est empezando a llenarse. Es como una colmena que se despierta. Todo el mundo tiene un aspecto esplndido. Los hombres son paternales y decididos, las mujeres. Los nios corren y ren, corren y ren. Walter se da cuenta de que est volviendo a sonrer. Se imagina a Rachel y Laurie perdidas entre la multitud. Rachel y Laurie son muy bonitas. Rachel tiene el cabello rubio con mechas pelirrojas casi imperceptibles; la cabellera de Laurie es ms rojiza y atrapa los rayos del sol hasta que tienes la impresin de que su cabeza est ardiendo.

Las dos tienen los ojos verdes y unas cuantas pecas esparcidas sobre esas dos narices exactamente iguales. Las dos son esbeltas y delicadas, y sus pechos son como flores a medio abrir. Son ms bien. Entra en el departamento de librera y va hacia la seccin de revistas. Tchaikovski est sonando en el sistema de altavoces. El departamento ofrece msica, vdeos, calendarios, postales Echa un vistazo al despliegue de publicaciones extranjeras, la seal de que este centro comercial es un sitio para gente elegante y sofisticada.

Una chica preciosa sostiene un ejemplar de Madame Fgaro delante de sus ojos. Est claro que finge leerlo. La chica contempla el texto en francs con los ojos entrecerrados y de repente se da cuenta de que Walter est observndola.

Se ruboriza y deja la revista en su sitio. Hola dice Walter. No tiene intencin de llevar la cosa ms lejos, pero la chica tiene un aspecto tan dulce e inocente Como el maniqu. Hola dice ella, y vuelve a ruborizarse. Estatura media, cabello castao y ojos color avellana O meramente marrones?

Su ropa parece algo anticuada, pero est limpia. Sus sandalias estn gastadas. No es tan. Hay algunas canas en su cabeza. Quiz tenga ms de treinta aos. Ha estado alguna vez ah? Ella le mira con cara de no saber qu responder. En Madame Fgaro? En Francia. Walter ve como se pone bien el bolso que lleva colgando junto al costado y se encoge de hombros. Una de las tiras est empezando a romperse.

Walter ha perdido la cuenta de las veces que ha estado all. Conoce muy. Se imagina a una mujer regordeta con un delantal de encaje que sostiene una cuchara de madera enrojecida por la salsa de tomate entre los dedos de una mano.

Un buen nombre para un restaurante o una adivina. Pero para una revista de modas? He ido a Francia montones de veces.

Qu suerte dice ella. Ha hablado en un tono de voz muy fro, como si eso no la impresionara en lo ms mnimo, pero sus pupilas se dilatan un poquito.

Quiz le envidia. Quiz no. Entiende el francs? Ella vuelve a coger el ejemplar de Madame Fgaro y va hacia la caja. Un poco dice mirndole por encima del hombro. Paga la revista. Est ignorndole. No quiere hablar con l. Walter est empezando a irritarse. Esa mujer no es nadie. Es una desconocida. No importa. Qu razn puede tener una mujer que no entiende el francs para comprar una revista francesa? Pero ha dicho que lo entenda un poco. Probablemente menta. Probablemente slo tiene cincuenta dlares en su cuenta corriente,.

Quiz ni tan siquiera tenga coche. Quiz viaja en autobs. Hay alguna parada de autobs cerca de aqu? Walter piensa en el gigantesco aparcamiento y en todos los coches que se mueven por la carretera que forma un anillo alrededor del centro comercial.

Se da cuenta de que la est siguiendo. Los pantalones negros y la camisa negra le dan un aspecto tan anticuado El collar de mbar seguramente debe ser de plstico. O sern cornalinas? No, no puede permitirse comprar un collar de cornalinas Cristal?

Le lleva casi cinco tiendas de ventaja, pero camina muy despacio. Walter la alcanza enseguida. La mujer gira sobre s misma y entra en una chocolatera. Delante del local hay unas cuantas mesas y sillas para que los clientes puedan distraerse observando a la gente que pasa mientras comen lo que han comprado. La mujer sale y se sienta. Lleva una bolsita de trufas en la mano. Una bolsita de plstico. Come una trufa. La camarera va hacia ella y la mujer pide un cappuccino. La mujer alza los ojos y le ve.

Parece atrapada. Walter se sienta delante de ella. Te importa? Supongo que no dice ella. Pero Walter se da cuenta de que est asustada, y descubre que su miedo le resulta extraamente excitante. La camarera vuelve y le entrega un men. Walter pide un batido de chocolate con almendras. Me llamo Walter. Espera a que ella le diga su nombre. La mujer se limita a observarle en silencio.

Ojal se le ocurriera alguna rplica ingeniosa. Walter se siente muy joven y muy estpido. Llevaba aos sin experimentar esa sensacin. Y Nada. Soy abogado. A qu te dedicas? A lo que tenga que hacer para salir adelante dice ella. La camarera les trae lo que han pedido. La mujer remueve su cappuccino con la cucharilla y toma un sorbo sin alzar la mirada.

Te encuentro fascinante dice Walter. Ella no dice nada. No quiere mirarle. Walter se da cuenta de que su cuerpo parece estar hecho de esmalte blanco. Sus mejillas son el nico sitio donde hay un poco de color. El rubor hace que parezcan dos rosas. No tomas mucho el sol, verdad? Me quemo enseguida murmura ella. Cmo te llamas? Oye, no te conozco y no creo que No quiero hacerte dao. No soy un violador loco ni nada parecido. La mujer engulle casi todo el cappuccino de un solo trago.

Slo quiero conocerte. Es amor a primera vista? La mujer apoya las manos encima de la revista francesa. Tiene las manos muy. No lleva ningn anillo. Rachel lleva anillos casi en cada dedo. Los que ms le gustan son los de diamantes.

Esta mujer probablemente jams ha posedo un diamante. Walter siente un repentino deseo de regalarle diamantes, rubes y esmeraldas, pero piensa que probablemente no se las pondra.

Walter suspira. Creo que ser mejor que me vaya dice ella. Ya est a medio levantar de la silla. Walter extiende la mano para detenerla. El gesto le ha salido demasiado brusco. La mujer se queda muy quieta. El miedo se convierte en sorpresa e. No te vayas. La mujer vuelve a sentarse y le mira a los ojos. Ya no tiene ni pizca de miedo. Walter recorre lo que le rodea con la mirada. Est inspeccionando la realidad. Los rayos del sol atraviesan el techo de cristal. La gente pasa junto a su mesa y las plantas parecen murmurar en los maceteros de barro.

El ruido va aumentando de intensidad. Un nio le grita algo a otro nio y se re. Una madre les dice que dejen de correr. Walter se vuelve hacia la mujer jovenvieja y ve que ya no est all. La revista sigue encima de la mesa. La mujer la ha. Walter deja una propina demasiado generosa y coge la revista.

La idea de pasar el sbado en el centro comercial ya no le resulta atractiva. Va hacia la salida ms cercana al aparcamiento donde ha dejado su Mercedes.

Est tan abatido que ha olvidado su intencin inicial de comprar el maniqu con los brazos cruzados delante del pecho y los enormes ojos azules. La chica de la librera tambin tena unos ojos enormes. Como una nia extraviada Walter tiene la sensacin de haberse extraviado. Sabe que se est comportando como un cro. Rachel se. Rachel tiene algunos defectos, pero es muy comprensiva. Walter supone que es un resultado natural del tener treinta y nueve aos.

Un da tonto. Es algo natural, algo que le ocurre a todo el mundo de vez en cuando. Pero Walter tiene tantas cosas por las que vivir Ha triunfado. Su padre est muy orgulloso de l. Walter est orgulloso de s mismo. Tiene una vida estupenda y una familia feliz. Y ese maniqu no ir a ninguna parte. Encuentra la salida. Un minuto despus est en el aparcamiento buscando su coche.

Le ocurre con. Siempre olvida dnde ha aparcado el coche. En una ocasin se pas ms de dos horas buscando su coche en el Centro Beverly de Los ngeles. An se acuerda, y la experiencia hizo que volar a la Costa Oeste dejara de gustarle. Siempre tiene miedo de que vuelva a suceder, y ha dejado de visitar los centros comerciales de California. Es una cuestin de principios. Est sudando profusamente. A Rob le encanta utilizar esa expresin: sudaba profusamente. Sus labios se curvan en otra sonrisa torcida.

Deja atrs un Porsche y la ve. Est mirndole. Es la mujer de la librera. El Porsche es suyo. No puede hablar. La mujer le mira y cruza los brazos como intentando defenderse de algo.

Como si Walter fuera a atacarla. Como si fuera a lanzarse sobre ella para estrecharla contra su pecho. Y eso es justamente lo que quiere hacer, pero la mujer ya ha cerrado la portezuela del Porsche y el coche se aleja velozmente.

Walter tiene un ltimo y fugaz vislumbre de su rostro sorprendido. La boca abierta parece una grieta roja en su piel de porcelana. Walter inhala los gases del tubo de escape y tose. Su Mercedes est all mismo, al lado de donde ella haba.

Pobrecita nia rica. Es peor que la sensacin de haber sido engaado. Se ha comportado como un imbcil. Walter sube a su coche, suspira y sale del aparcamiento.

Le gusta conducir. Tiene un coche deportivo esperndole en el garaje, un Ferrari Negro. Conduce y conduce y conduce. Conduce deprisa. Mirad, all va Walter. Fijaos en lo deprisa que va. Mirad, acaban de ponerle una multa por exceso de velocidad.

Ultimas horas del atardecer en Dallas. El verano ha sido muy clido. Parece que est empezando a refrescar, pero an hace mucho calor. Walter pone en marcha el aire acondicionado.

Tiene hambre no tom ni una cucharada del batido de chocolate, pero no quiere volver a casa. Todava no. Y, de todas formas, lo ms probable es que su familia an no haya regresado.

No lo recuerda, pero cree que se han ido a alguna parte. Los sbados siempre son das muy ajetreados. Laurie tena una cita con el dentista. Una leccin de danza.

La fiesta de cumpleaos de una amiga. Rob tema. Una reunin de los exploradores. Una excursin. Rachel haba quedado con sus amigas, o quiz haya quedado con sus amigos.

Walter cree que tiene muchos asuntos del corazn. As es como los llama ella. Asuntos del corazn. Y Walter? Ha tenido asuntos del corazn? No lo cree. Ha abrazado a un maniqu, pero nunca se ha tirado a uno.

No, jams hara eso. Eso sera una perversin. Walter puede ser muchas cosas, pero no es un pervertido. No, no lo es. Est anocheciendo. La luz del sol se suaviza y adquiere otros colores.

Amarillo, naranja y oro. Walter pone una cassette. Los Moody Blues empiezan a cantar. Noches de blanco satn. Walter se siente viejo y anticuado. Las noches de blanco satn no tienen final. Las noches de blanco satn vagan a la deriva. La autopista est casi vaca. Pronto se llenar de intermitentes y humos de los tubos de escape. Walter vuelve a casa por el camino que toma siempre. La luz le da en los ojos. Podra tener un accidente. El sol emite un ltimo parpadeo y desaparece justo a tiempo.

Est acercndose a un paso elevado. Es su paso elevado favorito, un esbelto ngulo de cemento blanco y acero calcinado por el sol. Walter ve algo suspendido en las sombras que se acumulan sobre su cabeza. Parece un cuerpo colgando del extremo de una cuerda, pero no puede ser un cuerpo.

Walter pisa el pedal del freno y el Mercedes patina. El coche acaba detenindose en el arcn y Walter sale de l para contemplar el cuerpo que gira lentamente sobre la autopista.

Jan 30,  · Conviértete en uno de los personajes de Avengers con las máscaras armables que vienen en nuestros cuadernos College.

8 Replies to “Resurge mi arma - Seran Eternos - Mascaras / Contracaras (Cassette)”

  1. Fingimos lo que somos, seamos lo que fingimos. Calderón de la Barca nos hacía llegar a mi parecer el siguiente mensaje con este subtítulo: nos esforzamos en fingir y, sin embargo, no nos molestamos en tratar de aceptar lo que sí somos y mejorarlo. Nos parece mucho más sencillo mentir y no ser naturales, movernos en la superficialidad.. Esto a lo que nos conduce es a generar un entorno en.
  2. Después de la lucha estelar del 80 Aniversario del CMLL, donde Último Guerrero perdió la tapa ante Atlantis, el luchador de "Otro Nivel" regresó a una plaza de la empresa más antigua de.
  3. [ junio 19, ] Fue condenado a 8 años de prisión el empresario sojero que intentó traficar a Europa casi 6 toneladas de cocaína Justicia [ junio 19, ] El edil nacionalista condenado por abuso entregó su renuncia al partido Justicia [ junio 19, ] Un bombero fue condenado por tener un laboratorio de producción de droga en su casa Justicia.
  4. 38 un arma de polica, para que la sostuviera en mi mano. Me qued inmvil en la oscuridad oyendo crujir la gravilla del sendero mientras su coche se acercaba lentamente al remolque. La portezuela del coche se abri con un chirrido y un motor muy potente se detuvo con un ltimo estremecimiento.
  5. MASCARAS DE LUCHADOR. Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir con Twitter Compartir con Facebook Compartir en Pinterest. Página principal. Suscribirse a: Entradas (Atom) 1. VISITA MI BLOG DE FISICOCULTURISMO Y FITNESS: CULTURISMO EXTREME; mascaras de lucha libre lucha libre. mascaras de lucha libre, luchadores, deporte.
  6. ¡Aspiremos a ser lo que Dios quiere de nosotros, no un papel en el mundo! Además, quienes tienen como meta de su vida títulos, cargos, honores, brillos, ya pueden descansar una vez que los consiguieron; pero el que tiene como meta realizar su alma, siempre hallará nuevos caminos abiertos por delante, nunca sabrá dónde acaba su camino, porque cada día se hará más apasionante, más alto.
  7. Hay 6 respuestas en Mi arma no envenena., del foro de Dark Souls II. Último comentario hace 6 años. LOS ARTÍCULOS DEL MOMENTO 11 Secretos ocultos de .
  8. Jan 04,  · luchadores desenmascarados, sin mascara, luchadores clonados. Si te gusto el video suscribanse a mi canal para que pueda yo hacer mas videos de la .

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